Hoy es un día triste para la Argentina. No sólo ha quedado el campo sin incentivos para producir, sino que se avecinan consecuencias nefastas como las ya padecidas. La decisión de impedir las exportaciones de carne dinamitó, en el pasado, la confianza de mercados que durante años creyeron en nuestro país. Se perdieron puestos de trabajo, cerraron industrias frigoríficas y se disminuyó fuertemente el stock de ganado local y alrededor de 30.000 productores debieron vender sus tenencias.

El cierre de las exportaciones de carne es mucho más que una medida del gobierno que intenta frenar equivocadamente, las subas en el mercado interno.

Hoy se quebró la esperanza de miles de familias que están involucradas en la industria de la carne (productores ganaderos, personal rural, personal de frigoríficos, transportistas y consumidores), argentinos que generan miles de trabajos genuinos, movilizan la actividad de pueblos y ciudades, y generan divisas que son tan importantes para el país. Una medida de esta magnitud destruye la confianza y genera desaliento.

Por eso le pedimos al Presidente que derogue urgentemente la medida y convoque a un diálogo constructivo. ¡Queremos ser parte de la solución!

El campo y su agroindustria siempre han formado parte de la locomotora que hizo avanzar a la Argentina a los mercados del mundo, contribuyendo a un mejor bienestar para todos los argentinos.

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