Como todo año electoral, la actividad en el Congreso desciende, lo que se tradujo en menos leyes. Para el campo, el balance fue aún peor: pocas leyes, un solo despacho y pocas reuniones de comisión.

En los años impares, que coinciden con años electivos, la actividad parlamentaria se reduce, en promedio, un tercio. Según Directorio Legislativo, en 2017, el Congreso sesionó en 29 oportunidades, mientras que en el 2016, fueron 38 sesiones; y en el 2015 sólo hubo 19. Asimismo, las leyes este año también fueron en descenso: 75 proyectos de ley contra 96 del año anterior (21 leyes más).

Con respecto a las temáticas de las leyes, aquí es donde el agro pierde por goleada: casi la mitad fueron declaraciones de fiesta, día o monumento, y el resto se repartió entre acuerdos Internacionales, economía, justicia, género, salud, educación y ambiente.

De las 75 leyes totales que sancionó el Congreso, sólo 2 fueron para el agro y respondían a cuestiones coyunturales: la emergencia para los productores de peras y manzanas y para once provincias afectadas por las lluvias. Mientras que, en el 2016, al menos hubo 3 leyes de impacto directo para el sector: la ley de disposición final de envases de fitosanitarios, de fosfina y la media sanción de humedales.

Otro parámetro puede ser la labor de las comisiones, que tampoco fue superavitaria: en la comisión de agricultura de la Cámara Baja, Gilberto Alegre (UNA-Buenos Aires), convocó en ocho oportunidades a los diputados pero sólo dos veces consiguió reunir el número reglamentario. El resultado: sólo un dictamen para un proyecto de ley del sector yerbatero y para 46 proyectos de resolución y declaración.

En cambio, en Senado, la comisión homónima que preside Alfredo de Angeli (PRO-Entre Ríos) mermó su actividad a jornadas informativas de diferentes temáticas como: caminos rurales, fitosanitarios y salud, ganadería y agricultura familiar. No hubo dictamen alguno y las convocatorias para considerar proyectos de ley no consiguieron quórum.

Sin embargo, vale la salvedad que el promedio de la actividad de las comisiones fue similar, lo que una vez más refrenda la idea de que la merma de la actividad parlamentaria en años electorales.

Pero además la falta de actividad este año generó la pérdida de vigencia de proyectos para el sector: así caducaron los proyectos de ley de semillas, seguros multiriesgo, humedales y registro y comercialización de fitosanitarios.

Con respecto a la mesa de entradas, en el 2017 ingresaron un centenar de proyectos a las comisiones de agricultura y ganadería y sólo fueron tratados en reuniones de comisión de legisladores o reuniones de asesores menos de la mitad de ellos, y en ningún caso tuvieron avance alguno.

Y aún hay una deuda pendiente: la reglamentación de la ley de envases que lleva más de un año y tres meses de mora. En este punto, el Congreso también podría haber hecho lo propio porque “la casa de las leyes” no es un mero cuerpo impulsador de normas, sino también órgano de control del Poder Ejecutivo.

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